
La benjamina de todas, Chita. rebelde, traviesa y juguetona, aunque de difícil carácter y no muy dispuesta para los abrazos y las caricias, a menudo había tenido yo algunos encontronazos y peleas de niño con ella recibiendo como trofeo diversos arañazos.
Fué la que peor lo pasó. Micifú y Tito ya hacia tiempo que se habían ido y ella vivía en casa sola con mis abuelos. Cuando mi abuela falleció, la casa se cerró y mi abuelo fué a vivir con la familia, aunque mi tia iba todos los dias a visitarla y a darle de comer y Chita podía salir de la casa, estaba ya triste, sola y mayorcita. Yo la visité alguna vez y se subía en mi regazo buscando afecto y cariño. Cuan lejos quedaba la Chita de mi niñez rebelde y traviesa. Irradiaba tanta ternura y soledad en sus ojitos que el marcharse y dejarla de nuevo solita en casa era muy penoso.
Mi tia intentó llevársela a su piso, pero ella no estaba acostumbrada a vivir en un piso cerrado sino en la casa abierta del pueblo. Estaba triste y no comía por lo cual decidío llevarla de nuevo a su verdadero hogar. Al cabo de unos dias en una de sus visitas, Chita yacía en el suelo sin vida. Recuerdo con gran tristeza cuando mi tia nos llamó para contarlo, la pobrecita dejó este mundo en la mas completa tristeza y soledad.
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